La primera regla de oro para hablar con nuestros hijos sobre cualquier tema debe ser la honestidad.
Si al hablar de su padre biológico se nos atenaza el corazón y el estómago, no importa las palabras que utilicemos, nuestro hijo captará nuestra incomodidad y nuestra angustia. Si cada vez que se habla de su nacimiento o de sus orígenes nota que el tema nos pone nerviosos o nos entristece, concluirá que ese es un tema tabú, tras el que seguro hay un secreto terrible.
Como consecuencia, puede que su imaginación se dispare y llegue a conclusiones fantasiosas mucho más terribles que la realidad. Más aún: si en las primeras ocasiones en que surja el tema nos ve escurrir el bulto o angustiarnos, lo más probable es que se sienta incapaz de plantear sus dudas cuando lo necesite.
Para poder hablar de ello con naturalidad y acompañarle en sus esfuerzos por entender mejor su historia, es importante analizar y elaborar nuestros propios sentimientos.
Si te sientes bloqueada, te ayudará hablar de ello con alguien de confianza, con alguna otra madre en igual circunstancia o con algún profesional que pueda proporcionarte un nuevo punto de vista. No permitas que tus emociones te atenacen y te impidan avanzar, busca ayuda. Tu hijo necesita encajar esa pieza de su vida de una forma positiva, y para ayudarle, tú necesitas encajarla también en la tuya.
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